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domingo, 6 de abril de 2014

Abu Simbel cumple medio siglo de su segunda vida

A punto estuvieron los templos de Abu Simbel de quedar sumergidos bajo las aguas del río Nilo, si no fuera por las obras que comenzaron hace ahora medio siglo para salvar esos monumentos, reflejo presente del poderío que tuvo el faraón Ramsés II en el antiguo Egipto.


<p>En la imagen, vista nocturna de la fachada del templo de Abu Simbel dedicado a Nefertari, la esposa de Ramsés II, durante un espectáculo de luces
En la imagen, vista nocturna de la fachada del templo de Abu Simbel dedicado a Nefertari, la esposa de Ramsés II, durante un espectáculo de luces y música. EFE/Belén Delgado
Las edificios que en su día fueron redescubiertos entre la arena ofrecen hoy una vista apacible, incrustadas en una colina sobre el lago Naser, como si todos esos elementos hubieran siempre estado allí.
Pero lo cierto es que los dos templos que componen el complejo arqueológico, de más de 3.200 años de antigüedad, tuvieron que ser reubicados a doscientos metros de distancia de su enclave original y sesenta metros más elevados.
Técnicos extranjeros y egipcios iniciaron esa faraónica tarea para trasladarlos en abril de 1964. Muchos de ellos han fallecido o difícilmente pueden recuperar, a su avanzada edad, la memoria de aquella época.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Descubren el sarcófago y la momia de un sacerdote faraónico de la V dinastía

Expertos checos han descubierto el sarcófago y la momia de un importante sacerdote de la V dinastía faraónica (2.500-2.350 a.C) al suroeste de El Cairo, informó hoy el ministro egipcio de Antigüedades, Mohamed Ibrahim.

<p>Un grupo de arqueólogos trabaja tras descubrir un sarcófago en el cementerio del rey Neferirkare, en la localidad egipcia de Abusir. El hallazgo
Un grupo de arqueólogos trabaja tras descubrir un sarcófago en el cementerio del rey Neferirkare, en la localidad egipcia de Abusir. El hallazgo ha sido descubierto gracias a una investigación liderada por el profesor Miroslav Barta, del Instituto de Egiptología checo. EFE/Ministry Of Antiquities
El ministro explicó en un comunicado que la osamenta del religioso, identificado como Nefer, fue hallada durante excavaciones en su tumba en la zona de Abu Sir.
El sacerdote, cuyo sarcófago estaba construido en piedra, desempeñó sus funciones durante el reinado del faraón Neferirkara.
Por su lado, el jefe del Departamento de Egiptología del Ministerio, Ali al Asfar, reveló que la tumba forma parte de un conjunto funerario compuesto de cuatro pasillos, de los que el oriental pertenece a Nefer.
Además, incluye cinco pozos y una puerta falsa de piedra caliza que lleva esculpida los títulos que ostentó Nefer, quien fue además supervisor de la escritura de los documentos reales y confidente del faraón.
La zona de Abu Sir, cercana a la explanada de las pirámides de Guiza, formó parte de la gran necrópolis de la antigua ciudad de Menfis.
Sus monumentos más importantes son los templos del sol y el complejo funerario de la pirámide del rey Sahura, además de otros lugares de culto y tumbas de personajes nobles de la época.EFE

jueves, 13 de febrero de 2014

El CSIC descubre un ataúd intacto de hace 3.600 años en Egipto

Ataúd egipcio
   Los investigadores del Proyecto Djehuty, liderado desde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), han descubierto un ataúd intacto de un hombre llamado Neb, del año 1.600a.C. correspondiente a la dinastía XVII del antiguo Egipto. Este 'tesoro' se ha encontrado en el extremo norte de la necrópolis de Dra Abu el-Naga, en Luxor (antigua Tebas).

   Este hallazgo arroja luz sobre esta dinastía y sobre un periodo histórico poco conocido en el que la ciudad de Tebas se convierte en capital del reino y se asientan las bases del imperio y del dominio egipcio sobre Palestina, Siria, y Nubia, han apuntado los científicos. Para los expertos es un periodo clave para entender el origen del imperio Egipcio, así como la estructura y funcionamiento de la administración en la nueva capital.

   El cuerpo de Neb ha sido hallado en una cámara sepulcral excavada en la roca a cuatro metros de profundidad. El ataúd, de dos metros de largo y medio metro de ancho, se encuentra en buen estado de conservación, y mantiene brillantes los colores de su decoración original. La entrada fue descubierta perfectamente cerrada con adobes, por lo que ya se intuía que nunca había sido abierta tras depositar el ataúd.

   Dentro de la pequeña cámara tallada en la roca se ha recuperado un gran ataúd antropomorfo de madera tallado y decorado siguiendo el estilo característico de la dinastía XVII, denominado 'rishi' (que significa 'alas' en árabe).

   "Por ese motivo, el ataúd tiene pintado en la tapa un par de alas extendidas sobre el cuerpo del difunto, como si una diosa alada le abrazara por detrás, otorgándole así su protección en el más allá", ha detallado el director del proyecto José Manuel Galán.

  "Este estilo de ataúd es muy poco frecuente, pues estuvo en uso sólo durante un breve periodo de tiempo, cuando Egipto no estaba unificado", ha indicado Galán. "Muy pocos han sido hallados en su lugar original y han sido bien documentados en su contexto arqueologico", ha detallado.

   Una inscripción recorre desde el pecho hasta los pies la tapa del ataúd y dirige una invocación de ofrendas a un hombre llamado Neb. Su momia todavía se encuentra dentro de la caja y, aparentemente, en buen estado.

   Este hallazgo, junto con otros llevados a cabo en ese mismo área, confirman que Dra Abu el-Naga era el lugar donde se hicieron enterrar los miembros de la familia real de la dinastia XVII y sus cortesanos.

LA DINASTIA XVII: EPOCA DE GUERRAS

   La dinastía XVII se enmarca dentro del periodo histórico denominado Segundo Periodo Intermedio (entre 1.800 y 1.550 antes de nuestra era), caracterizado por la hegemonía de gobernantes de origen siro-palestino asentados en el Delta oriental. Se trata de una época de gran complejidad política, en la que la monarquía no controlaba todo el territorio y el poder efectivo se hallaba en manos de los gobernadores locales.

   En un contexto político fragmentado, la dinastía XVII, originaria de Tebas, la ciudad meridional más importante, lideró la reconquista y la expulsión de los gobernantes del norte (denominados hicsos). Además, unificó el país y propició el germen de una nueva etapa histórica en Egipto, el Imperio Nuevo, la época de los grandes reyes que forjarían el imperio egipcio desde su nueva capital, Tebas.

   Durante los últimos años, el Proyecto Djehuty, patrocinado por Unión fenosa Gas, ha excavado junto al patio de entrada de la tumba del alto dignatario que pone nombre al proyecto. En esa zona se han encontrado hasta el momento varios enterramientos de una época anterior.

   El año pasado, la misión española descubrió un ataúd intacto de un niño de cinco años y, en esta campana que esta a punto de terminar, se están excavando tres pozos funerarios, aunque dos de ellos fueron saqueados en época antigua.

   Estos hallazgos permiten ir completando el puzle del trabajo realizado durante estos años en las tumbas de Djehuty, supervisor del Tesoro de la reina Hatshepsut (1470a.C) y Hery, cortesano que vivió unos 50 años antes que dicho escriba real.

   "Descubrimos entonces que Djehuty, al contrario que el resto de los cortesanos de su época, decidió no ubicar su tumba en las inmediaciones del templo funerario de la reina Hatshepsut. El superior del Tesoro prefirió la colina de Dra Abu el-Naga, medio kilómetro más al norte, porque esa zona también era especial, ya que allí descansaban los miembros de la dinastía XVII", ha concluido Galán.

sábado, 8 de febrero de 2014

Arqueólogos españoles replantean la cronología faraónica

Una misión de arqueólogos españoles y egipcios ha realizado un hallazgo en una tumba en el sur de Egipto que abre la puerta a la reinterpretación de la cronología faraónica, pues podría demostrar que Amenhotep III y su hijo Amenhotep IV, conocido como Akenatón, reinaron juntos.


<p>Restos de columnas y un mausoleo sobre los que se observan inscripciones jeroglíficas, hallados en la zona de Al Asasif, en la provincia meridiona

Restos de columnas y un mausoleo sobre los que se observan inscripciones jeroglíficas, hallados en la zona de Al Asasif, en la provincia meridional de Luxor (Egipto). Una misión de arqueólogos españoles y egipcios ha realizado un hallazgo en una tumba en el sur de Egipto que abre la puerta a la reinterpretación de la cronología faraónica, pues podría demostrar que Amenhotep III y su hijo Amenhotep IV, conocido como Akenatón, reinaron juntos.EFE/Str/Handout
La misión, encabezada por el arqueólogo español Francisco Martín Valentín, excavó los restos de un muro y las columnas del mausoleo de un ministro de la XVIII dinastía faraónica (1569-1315 a.C.) en la zona de Al Asasif, en la provincia meridional de Luxor.
Lo excepcional del hallazgo radica, según explica a Efe el propio Martín Valentín, es que en la excavación se han encontrado grabados los nombres de Amenhotep III y Amenhotep IV juntos.
Esto, según el experto, “puede confirmar que ambos reyes gobernaron juntos entre nueve y diez años de los 39 que gobernó Amenhotep III, ya que los textos de las columnas explican que eran soberanos del Alto y el Bajo Egipto”.
“No hay nada semejante en la historia faraónica”, afirma tajante Martín Valentín.
A esta opinión se suma, en declaraciones a Efe, el jefe del departamento de Egiptología del Ministerio egipcio de Antigüedades, Ali Asfar, quien destaca la importancia de que los nombres de estos dos faraones aparezcan juntos.
Asfar reconoce que resulta muy complicado establecer las fechas exactas de los reinados faraónicos, pero admite que este caso podría obligar a una revisión de los postulados anteriores, ya que “confirmaría que ambos reinaron juntos”.
Los reinados de Amenhotep III, también conocido como Amenofis III, y de Amenhotep IV, que pasó a la historia bajo el nombre de Akenatón, están entre los más relevantes del Egipto Antiguo por distintas razones.
El padre gobernó un país que conoció una de las mayores etapas de prosperidad y estabilidad interna bajo su égida, con un largo mandato de casi cuatro décadas.
Hasta ahora, los expertos pensaban que el hijo se había rebelado contra la forma de reinar de su progenitor y que, tras sucederle en el trono tras su muerte, adquirió el nombre de Akenatón e instauró por primera vez el monoteísmo, con Atón como deidad oficial.
Sin embargo, el descubrimiento, señala Martín Valentín, puede apuntar a que padre e hijo estaban de acuerdo en esa auténtica revolución, ya que compartieron reinado durante una década.
La misión eligió la tumba del ministro real, identificado como Amenhotep Huy, con la convicción de que en ella se podría hallar un documento que confirmase el reinado conjunto.
“Desde el año 2009 trabajamos en este lugar, donde hemos excavado alrededor de 400 metros cuadrados, y esperamos nuevos hallazgos en los 600 metros cuadrados restantes”, asegura el arqueólogo, antes de añadir que nadie había excavado antes en ese mausoleo inacabado.
Según el español, Amenhotep III gobernó entre 1397 y el 1340 antes de Cristo, es decir entre 38 y 39 años, mientras que Amenhotep IV lo hizo entre el 1360 y el 1348 a.C, es decir, unos 17 años.
De acuerdo con el hallazgo presentado hoy, diez de esos años habrían sido de reinado conjunto con su padre, durante los cuales estalló la llamada “revolución atoniana”, y, tras el fallecimiento de su padre, gobernó solo en Tel Amarna, en el centro del país.
“Creo que tanto el padre como su hijo, o toda la familia real, promovieron esa revolución, que desplazó al dios Amón, que era venerado en la capital faraónica de entonces, Tebas (Luxor)”, resume Martín Valentín, quien recuerda que su misión ha sido posible gracias a la financiación de la fundación española Gaselec. EFEFUTURO

jueves, 30 de enero de 2014

LOS FARAONES NO VIVÍAN EN LA OPULENCIA


Nuevas investigaciones a cargo de las universidades españolas de Granada y Jaén, nos han dado a conocer que los faraones egipcios no vivían en la opulencia como podemos pensar, sino que en realidad, padecían graves carencias alimenticias y enfermedades infecciosas que les causaban la muerte antes de los 30 años.
Miguel Botella, profesor que dirige el laboratorio de antropología física de la Universidad de Granada, no sólo informó sobre las características físicas que tenían, sino que también nos informó sobre las condiciones de vida en el Antiguo Egipto después de hacer las pruebas pertinentes a 200 momias y esqueletos que encontraron.
A pesar de que el nivel cultural era extraordinario para la época en la vivían, el análisis antropológico realizado a los restos humanos encontrados, nos revela que de la población en general hasta los gobernadores de la clase social más alta, vivían en condiciones de salud muy precarias, casi en el límite de la supervivencia.
Todos estos datos han sido recabados por los arqueólogos que están llevando a cabo el proyecto Qubbet-el Hawa, en una excavación que se realizó en la tumba número 33 de la necrópolis que da nombre a la excavación y que se encuentra frente a la ciudad de Asuán, a unos mil kilómetros del Cairo.
Los antropólogos de la universidad afirman que la esperanza de vida era muy corta, apenas llegaba a los 30 años y la mortalidad infantil tenía un alto índice, todo esto era debido a la malnutrición y al consumo de agua contaminada del Nilo, lo que les ocasionaba agudos trastornos gastrointestinales.
Todo esto se demostró cuando observaron que los huesos de los niños no presentaban marcas de una muerte violenta, eso nos hace pensar que murieron debido a una enfermedad infecciosa aguda. Además, en la tumba se han hallado gran cantidad de momias pertenecientes a jóvenes de entre 17 y 25 años.
Sobre la citada tumba numero 33, se sabe que fue construida durante la dinastía XII (1939-1760) para albergar el cuerpo de un alto dignatario de la región de Asuán, pero de momento no se sabe su identidad ya que la tumba fue reutilizada por lo menos en tres ocasiones en las dinastías XVIII, XXII y XXVI.
Todos estos hallazgos hacen que el yacimiento sea uno de los más grandes de la necrópolis y que posea una gran potencialidad arqueológica, ya que en su interior alberga al menos una cámara intacta, la que esperan volver a examinar los arqueólogos cuando regresen a Egipto.