Translate - Traductor

Mostrando entradas con la etiqueta dinosaurios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dinosaurios. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de junio de 2014

Descubren un nuevo dinosaurio con cuernos como alas

El gigante, de 6 metros de largo, podía utilizar su rara corona con forma de mariposa para atraer a las hembras

Descubren un nuevo dinosaurio con cuernos como alas

MUSEO DE HISTORIA NATURAL DE CLEVELAND



Investigadores del Museo de Historia Natural de Cleveland han descubierto una nueva especie de dinosaurio con cuernos que vivió hace unos 77 millones de años en lo que ahora es Norteamérica. Esta criatura del Cretácico era gigantesca: medía aproximadamente 6 metros de largo y pesaba más de 2 toneladas. Pero su principal atractivo eran unos cuernos con forma de alas que adornaban su cabeza como si se tratara del casco del dios Mercurio. De ahí le viene el nombre con el que ha sido bautizado, Mercuriceratops gemini.

miércoles, 4 de junio de 2014

Hallan en Chile medio centenar de dinosaurios sepultados por las rocas de un glaciar

El cementerio de Torres del Paine es uno de los mayores descubiertos en la historia

EFE



Científicos chilenos han descubierto en Torres del Paine un cementerio con al menos 46 ejemplares enteros de ictiosaurios, uno de los grandes reptiles marinos de la época de los dinosaurios que desapareció hace 99 millones de años.
«Es uno de los yacimientos de ictiosaurios más grandes de la historia o por lo menos de los que conocemos hasta el día de hoy», dijo el paleontólogo Christian Salazar, del Museo Nacional de Historial Natural (MNHN).

jueves, 15 de mayo de 2014

Descubren en Argentina restos de un nuevo dinosaurio


dinosaurios

El hallazgo se ha publicado en el último número de la revista Plos ONE, se trata de los restos de un diplodócido encontrados en la provincia de Neuquén, en la Patagonia Argentina. Se trata de un brontosaurio, que vivieron en el jurásico superior (hace entre 144 y 200 millones de años). En Norteamérica abundan restos de estos animales y también se han hallado en España y África, sin embargo no había constancia que hubieran existido en América del Sur. Este dinosaurio es considerado como el último representante de esta familia encontrado hasta la fecha y el primero hallado en la mitad sur del continente americano.

Paleontólogos argentinos dijeron que es imposible asegurar que fuera el último espécimen en extinguirse, pero que sí saben qué es el último diplodócido que vivió del que tienen registro.

El nuevo dinosaurio ha sido bautizado como Lainkupal laticauda, que significa familia de cola ancha, lo cual hace referencia a esta característica particular de este dinosaurio. El ancho de las vértebras de la base de la cola hace pensar que este dinosaurio poseía una importante musculatura caudal que le permitía realizar movimientos laterales con mucha más precisión y fuerza que otros diplodócidos. Ya de por sí se sabía que esta clase de dinosaurios poseían una larga cola con fuerte musculatura que le permitía realizar movimientos en forma de látigo como herramienta defensiva. No obstante esta condición está mucho más desarrollada en este nuevo espécimen, además que el tamaño total de este dinosaurio no supera los 9 m de largo frente al resto de su especie que superaban ampliamente los 20 m de longitud.

jueves, 20 de marzo de 2014

Descubren el «pollo del infierno»

Tres esqueletos fósiles de este extraño y enorme dinosaurio con garras, perseguido desde hace un siglo por los paleontólogos, han aparecido en el norte de EE.UU.

Descubren el «pollo del infierno»
Recreación del esqueleto
La criatura medía tres metros de largo y metro y medio de alto, sus mandíbulas terminaban en un pico sin dientes y su cabeza lucía una cresta redondeada de altura similar a la del pájaro casuario australiano. Tenía patas de avestruz, enormes garras y posiblemente un cuerpo cubierto de plumas. Esta es la inquietante descripción de un nuevo dinosaurio de hace 66 millones de años descubierto por un equipo de paleontólogos del Museo de Historia Natural Carnegie en Pittsburgh (EE.UU.), tras desenterrar los esqueletos de tres ejemplares al norte del país, en Dakota del Norte y del Sur. Su aspecto es el de una extraña ave gigantesca, por lo que se ha ganado el sonoro nombre de Anzu wyliei, «pollo del infierno», el tipo de cosa que, como dice Matthew Lamanna, autor principal del estudio que se publica en la revista PLoS ONE, uno «no querría encontrar en un callejón oscuro».
Por primera vez, los investigadores han podido echar un vistazo a un grupo de dinosaurios que ha sido un misterio durante un siglo, loscaenagnathidae. «Anzu wyliei es, de lejos, el más completo que jamás se haya descubierto. Por fin tenemos los fósiles para mostrar el aspecto de estos seres de la cabeza a los pies. Y en casi todos los sentidos, son aún más extraños de lo que imaginábamos», confiesa Lamanna.
Descubren el «pollo del infierno»
Esqueleto y huesos
Anzu wyliei tenía toda la pinta de un ave no voladora gigantesca: cresta, largas patas... Aunque de estos especímenes solo se han recuperado sus huesos, se han encontrado parientes cercanos a este dinosaurio con plumas fosilizadas, lo que sugiere que también teníancuerpos emplumados. Pero el parecido con los pájaros acaba aquí. Los miembros anteriores terminaban en grandes y afiladas garras y la cola era larga y robusta. «En tono de broma comenzamos a llamarle 'pollo del infierno' y creo que era bastante apropiado, así que acabamos bautizándolo como Anzu, un demonio parecido a un ave de la mitología antigua», explica el paleontólogo.

Una vida de peligros

La anatomía y el ambiente en el que vivió este «pollo infernal» proporciona información sobre su dieta y hábitat. Aunque su alimento preferido sigue siendo una incógnita, los investigadores creen que probablemente eran omnívoros y comían carne y vegetales. Ocupaban llanuras de inundación y probablemente llevaron una vida llena de peligros. Además de compartir su mundo del Cretácico con el Tiranosaurio rex, el carnívoro más notorio de todos los tiempos, los ejemplares muestran señales de lesiones: uno tiene una costilla rota ya curada y otro un hueso del dedo del pie artrítico que puede haber sido causado por una fractura cuando el tendón arrancó un pedazo del hueso adjunto. «Estos animales eran claramente capaces de sobrevivir con un poco de trauma. Si las lesiones son el resultado del combate entre dos individuos o el ataque de un depredador más grande sigue siendo un misterio», apunta Emma Schachner, de la Universidad de Utha en Salt Lake City y colaboradora el estudio.
Los esqueletos casi completos han abierto una ventana a cómo era la anatomía de esta y otras especies de caenagnathidae, lo que ha permitido a los paleontólogos reconstruir la evolución y variedad de estos animales con más detalle que nunca, formando una agrupación natural dentro de los oviraptorosaurios, los falsos ladrones de huevos llamados así por una confusión científica y que, en realidad, no eran saqueadores de nidos, sino progenitores que cuidaban de sus propias crías.

jueves, 6 de marzo de 2014

Encuentran en Portugal el fósil del mayor depredador terrestre europeo

Un equipo de investigadores ha hallado en Portugal los restos fósiles de una nueva especie de dinosaurio que, con una longitud de diez metros y un peso de cuatro a cinco toneladas, podría ser el mayor predador terrestre de Europa, según un artículo publicado en Public Library of Science ONE.
<p>Un equipo de investigadores ha hallado en Portugal los restos fósiles de una nueva especie de dinosaurio que, con una longitud de diez metros y un
Un equipo de investigadores ha hallado en Portugal los restos fósiles de una nueva especie de dinosaurio que, con una longitud de diez metros y un peso de cuatro a cinco toneladas, podría ser el mayor predador terrestre de Europa, según un artículo publicado en en Public Library of Science ONE. Imagen facilitada por el Museo de Lourinhã.
Según el estudio, encabezado por Christophe Hendrickx y Octavio Mateus, de la Universidade Nova de Lisboa y el Museo de Lourinhã, el animal podría haber sido asimismo uno de los dinosaurios carnívoros más grandes del período jurásico.

En los sedimentos del jurásico superior, en el centro de Portugal, se han hallado restos de numerosas clases de dinosaurios que representan una de las faunas europeas más ricas de dinosaurios y “ciertamente la más diversa desde el jurásico tardío en Europa”, señalaron los autores.

En esas muestras están representadas todas las ramas mayores en el árbol filogenético de los dinosaurios, aparte de los llamados marginocéfalos o “cabezas con reborde” que vivieron desde el jurásico superior hasta el cretácico superior entre hace unos 157 y 65 millones de años.

Entre esos, añade el artículo, los terápodos, un tipo de dinosaurios carnívoros, son de lejos el grupo más diversificado entre los dinosaurios.

Los científicos que descubrieron los huesos de este ejemplar al norte de Lisboa creyeron, inicialmente, que se trataba de un torvosaurus tanneri, una especie de dinosaurio que se ha hallado en América del Norte.

Una comparación más detallada del hueso de pantorrilla, mandíbula superior, dientes y una porción de vértebra de la cola indicó a los autores que el ejemplar merecía un nuevo nombre de especie y lo llamaron torvosaurus gurneyi.

Este dinosaurio tenía dientes con forma de hoja de cuchillo de hasta diez centímetros de longitud, lo cual indica que puede haber estado en la cumbre de la cadena alimentaria en la península Ibérica hace unos 150 millones de años.

Los científicos calcularon que puede haber alcanzado un tamaño de diez metros de largo con un peso de cuatro a cinco toneladas.

El número de dientes, como asimismo el tamaño y la forma de la boca, diferencian al torvosauros europeo del americano. La mandíbula superior del americano tiene once o más dientes, en tanto que la del europeo tiene menos de once.

“Éste no es el dinosaurio predador más grande que conocemos”, señaló Hendrickx. “Los tiranosaurios, carcarodontosaurios y giganotosaurios del período cretáceo fueron animales más grandes.

“Pero con un cráneo de 115 centímetros de largo, el Torvosaurus gurney fue uno de los carnívoros terrestres más grandes en esta época y fue un predador activo que cazaba otros dinosaurios grandes, como lo prueban sus dientes con forma de hoja de cuchillo”. 
EFEfuturo

miércoles, 12 de febrero de 2014

Siberia: Identifican la 'zarpa' de un dinosaurio de garras gigantes

Paleontólogos identificaron la garra de un dinosaurio encontrada en 2010 en un cementerio único de dinosaurios en Siberia. Pertenece a una especie de saurios con las garras gigantescas.
Según paleontólogos rusos, el fragmento de la garra hallada en el año 2010 pertenece a uno de los dinosaurios más particulares, el Therizinosaurus (o reptil guadañana). Contaba con los 'garfios' más largos entre sus congéneres, algo que lo hace tan único.

Los propios Therizinosaurus alcanzaban los 9 metros de longitud, pero sus miembros superiores contaban con garras de hasta 30 centímetros de longitud, mientras las de sus miembros inferiores llegaban a ser de 12 centímetros. El Therizinosaurus era herbívoro y necesitaba sus garras para la autodefensa.



 
Esta especie poco frecuente de dinosaurios habitaba el territorio de la región de Kuzbass hace unos 125 millones de años, época que corresponde al periodo Cretácico. Los escasos restos de esta especie han sido descubiertos en el sureste de Mongolia, el norte de China y en Siberia.


lunes, 3 de febrero de 2014

Fin de la discusión: un meteorito mató a los dinosaurios

Científicos consiguen determinar con una exactitud sin precedentes tanto la fecha del impacto como la de la desaparición de los dinosaurios. ¡Y coinciden!


Un grupo de investigadores norteamericanos, británicos y holandeses  publicaron en Science un estudio que demuestra, de forma definitiva, que la desaparición de los dinosaurios coincidió casi exactamente en el tiempo con el impacto de un gran meteorito contra la Tierra. Los nuevos datos ponen fin a una discusión científica que dura ya más de tres décadas.

El enigma de la desaparición de los dinosaurios se parece, a menudo, a una novela policiaca. ¿Quién fue el culpable? ¿Quizá un cometa o un asteroide? ¿O fueron más bien una serie de monstruosas erupciones volcánicas o, incluso, un repentino cambio climático? A pesar de que muchas pruebas incriminan al "visitante espacial", otros estudios no menos sesudos dudan de que las fechas del impacto coincidan con las de la extinción. Y la discusión, después de más de tres décadas, sigue sin que ninguna teoría se imponga definitiva y claramente sobre las demás.

Ahora, y en un intento de zanjar la cuestión de una vez por todas, un equipo de investigadores del Centro Geocronológico de Berkeley (BGC), en la Universidad de California, junto a otros científicos de Holanda y Reino Unido, ha conseguido determinar con una exactitud sin precedentes tanto la fecha del impacto como la de la desaparición de los dinosaurios. Y el resultado es que ambas cosas sucedieron hace exactamente 66 millones de años. Y, además, prácticamente al mismo tiempo.

Las fechas de ambos acontecimientos, en efecto, están tan próximas que los investigadores no dudan de que un gran cometa o asteroide fuera, totalmente o por lo menos en gran parte, responsable de la gran extinción que marcó el límite entre el Cretácico y el Terciario.

El impacto fue, claramente, la gota final que empujó a la Tierra más allá del punto de inflexión", afirma Paul Renne, director del BGC. "Hemos demostrado que los dos hechos (la colisión y la extinción), estuvieron completamente sincronizados y que, por consiguiente, el impacto jugó claramente un papel muy destacado en la extinción, aunque probablemente no fue su única causa".

Las nuevas fechas aclaran, por fin, la confusión sobre si el impacto realmente ocurrió antes o después de la extinción, que se caracterizó por la súbita desaparición en el registro fósil de todo resto de dinosaurio terrestre y también de un gran número de criaturas marinas. La nueva fecha del impacto, 66.038.000 años, está dentro de los mismos márgenes de error que la fecha de la extinción, lo que hace ambos acontecimientos puedan considerarse como simultáneos.

La extinción de los dinosaurios se achacó por primera vez al impacto de un cometa o asteroide en 1980, cuando Luis Alvarez, de la Universidad de Berkeley, y su hijo Walter, demostraron que en los estratos geológicos que marcan el límite K-T (la "frontera" entre los periodos Cretácico y Terciario) había una fina capa de iridio, un material negruzco y que aquí, en la Tierra, sólo se encuentra en determinadas clases de meteoritos. Padre e hijo llevaron a cabo prospecciones en varias regiones del mundo, y en todas ellas encontraron la misma capa. Concluyeron entonces que, hace unos 65 millones de años, justo al final del Cretácico, un enorme asteroide (lo suficientemente grande como para que sus restos se depositaran por todo el planeta) debió de chocar contra la Tierra.

Más tarde, durante unas prospecciones petrolíferas en el Golfo de México, se descubrió un cráter submarino de casi 180 km. de diámetro, justo frente a las costas de Yucatán. Unas dimensiones compatibles con el impacto de un meteorito de unos diez km. de diámetro. La antiguedad del cráter, además, se determinó en 65 millones de años.

Era la pieza que faltaba para completar el rompecabezas de Luis y Walter Alvarez. Ese meteorito era, en efecto, el candidato perfecto para ser el responsable de la misteriosa capa de iridio que envolvió al mundo en aquella lejana época. Cuando cayó, el enorme meteorito debió levantar una cantidad masiva de escombros y residuos que fueron lanzados a la atmósfera y que rodearon por completo la Tierra, depositándose después poco a poco por todas partes en forma de tectitas (pequeñas esferas cristalinas formadas en los impactos) y de una fina capa de polvo negruzco y muy rico en iridio.

A partir de ahí comenzaron las discusiones. Otros investigadores tenían ya a sus propios "culpables" de la extinción. Pero sobre todo comenzó una auténtica carrera para comprobar si, efectivamente, el impacto y la desaparición de los dinosaurios coincidían en el tiempo. Esa era la clave para saber lo que realmente ocurrió.

En 1993, otro grupo de investigadores de Berkeley determinó que la fecha de la extinción de los dinosaurios coincidía, más o menos, con la del impacto del meteorito. Pero Renne, al recalibrar ahora esos mismos datos, descubrió que, en realidad, indicaban una fecha muy anterior, en concreto 180.000 años antes de la caída del meteorito.

"Todos han mirado siempre a la edad del límite KT y la han comparado con las edades obtenidas de las tectitas y las rocas fundidas del cráter, pensando que eran más o menos de la misma edad. Pero no lo son, y difieren en 180.000 años. Así que me di cuenta de que ahí había unn gran problema".

Un cambio en el clima
Así que Renne decidió volver a empezar. Utilizando la técnica de datación argón-argón dató una serie de tectitas de Haití, determinando su edad con una gran exactitud. Una edad que coincidía con la de cenizas volcánicas de la formación de Hell Creek, en Montana, un lugar muy rico en fósiles de dinosaurio y uno de los mejores del mundo para estudiar las especies fósiles que había antes y después de la extinción. La fecha determinada por Renne para la extinción de los dinosaurios apenas si difería de la del impacto en 11.000 años, nada si se compara con el "más menos un millón" de las dataciones anteriores.

Sin embargo y a pesar de la coincidencia casi perfecta entre ambas fechas, Renne se muestra precavido y asegura que eso no quiere decir que el impacto sea la única causa de la desaparición de los dinosaurios. Un cambio dramático en el clima durante el millón de años anterior también consiguió llevar, con toda probabilidad, a un buen número de especies hasta el borde mismo de la extinción. Y el impacto del meteorito fue el que las empujó hacia el precipicio.

Renne y sus colegas también estudiaron las fechas de las rocas por encima del límite KT, y concluyeron que el ciclo de carbono en la atmósfera terrestre volvió a la normalidad unos 5.000 años después del impacto, mucho más rápido que en los océanos, que tardaron entre 1 y 2 millones de años volver a la normalidad. Renne atribuye este hecho a una lenta recuperación de los patrones de circulación oceánica.