Estás decaído y no hay quien te libre del sueño. Tranquilo, no eres el único. Con los cambios invernales de los ciclos de luz y oscuridad nuestro reloj interno se descoloca. Sin un poco de claridad matutina el cerebro no sabe si debe despertarse o seguir dormido.

www.shutterstock.com
Han llegado el invierno, la lluvia y los fines de semana de manta y sofá. El frío nos hace estar decaídos y apáticos. O quizá lo que mine nuestro estado de ánimo no sea tener que cargar con el paraguas todo el día, ni saltar ante los pasos de cebra para que los coches no nos calen los pies. La culpa la tiene la oscuridad.
Los científicos han descrito este cambio físico y psicológico (qué también incluye más hambre y sueño de los habituales) como Trastorno Afectivo Estacional o TAE, por su acrónimo. Los síntomas vienen provocados por un desajuste entre los ritmos circadianos del cuerpo y las horas de puesta y salida del sol.
