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jueves, 13 de febrero de 2014

Las abejas pueden volar más alto que el monte Everest


Las abejas pueden volar más alto que el monte Everest




Investigadores comprueban en laboratorio que estos insectos pueden superar las condiciones de presión equivalentes a 9.000 metros de altitud





Subir un ocho mil puede ser un juego de niños para una abeja. Aunque parezca increíble, los abejorros pueden volar sin problemas en condiciones de presión equivalentes a una altitud de 9.000 metros, más alto que el monte Everest. Lo consiguen batiendo sus alas en movimientos más amplios, según científicos estadounidenses, quienes han podido comprobarlo en laboratorio. Aunque no hay ningún alimento que puedan recoger estos insectos en los picos del Himalaya, los investigadores creen que esta capacidad podría ayudarlos a escapar de los depredadores en otros lugares.
Los abejorros se encuentran a menudo por encima de los 4.000 metros y se ha registrado su actividad hasta 5.600 metros. En las elevaciones más altas, la menor densidad del aire haría más difícil elevarse con cada aleteo, y una caída en los niveles de oxígeno podría empujar los límites de los sistemas metabólicos de las abejas. Pero estos factores fisiológicos no se comprenden bien.
En un estudio publicado en la revista Biología Letters, zoólogos de la Universidad de Wyoming en Laramie y la de California, Berkeley, probaron si la elevación de los abejorros estaba limitada por la aerodinámica y la fisiología.
El equipo atrapó cinco abejorros machos (Bombus impetuosus ) alimentándose a 3.250 metros en Sichuan, China, y los colocó en una cámara de plexiglás. Una vez que las abejas comenzaron a volar hacia arriba, la presión dentro de la cámara se redujo utilizando una bomba de mano para simular cómo aumenta la altitud en intervalos de 500 metros. Las cinco abejas podían flotar a presiones del aire equivalentes a elevaciones de 7.400 metros; tres podrían volar por encima de los 8.000 metros y dos llegaron a superar los 9.000.

Pueden, ¿pero para qué?

Los investigadores observaron que las abejas no alteraron la frecuencia de sus aleteos, sino que aumentaron el ángulo a través del cual baten sus alas, «lo que significa que empujan hacia abajo más moléculas de aire», explica en la web de la revista Nature Michael Dillon, uno de los autores del trabajo.
Sin embargo, esto no significa que las abejas puedan realmente volar hasta el Everest. Las temperaturas bajan a medida que aumenta la altitud, y el frío por encima de los 5.000 metros supondría un reto formidable para los abejorros. Esos cambios no fueron simulados en la cámara de vuelo.
En ese caso, ¿por qué tienen los abejorros alpinos tienen esa capacidad extra para volar tan alto? Dillon sospecha que se requiere para realizar otras tareas, como escapar de los depredadores o transportar cargas pesadas.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Una avispa enviada por correo certificado ha salvado miles de cultivos

Los agricultores del sur de la India se recuperan de pérdidas millonarias causadas por la plaga de un insecto gracias a la importación de avispas manipuladas en laboratorio para combatirlo.


Acerophagus papayae


Se llama Paracoccus marginatus, aunque su nombre de pila es cochinilla de la papaya. Este minúsculo insecto de dos milímetros de largo por 1,5 de ancho viajó en 2010 desde México, uno de sus lugares de origen, hasta la India. En solo un año se extendió por el sur del país asiático, alojándose en los cultivos de papaya y arruinando el 80% de la producción, lo que generó pérdidas de 180 millones de euros a los productores cada año.
Resultaba imposible luchar contra el insecto invasor con los medios convencionales, o sea los pesticidas. La hembra de la cochinilla está recubierta por una especie de capa de cera blanca que la protege mejor de los químicos que otros insectos. Es más, cuanto más se recurre a los insecticidas, más resistente se vuelve a ellos este insecto, según las conclusiones de la Universidad Agrícola del Estado de Tamil Nadu, situada al sur del país.
Para expandirse, la cochinilla forma bolsas de algodón sobre las hojas y los frutos de los cultivos, y se alimenta de la savia de los arbustos frutales introduciendo sus estiletes en la hoja, el fruto o el tallo. Pero no se conforma con eso: también inyecta una toxina en las hojas que las deforma y les impide crear clorofila. El resultado es que las hojas y los frutos caen antes de tiempo, arruinando cosechas enteras.
La solución a la invasión de la cochinilla no vino de los pesticidas, sino de un enemigo de su misma talla, según relata la revista india Fountain Ink.
Se trata de una avispa amarilla de alas transparentes de nombre científico Acerophagus papaye, enviada por correo certificado desde el Ministerio de Agricultura de Estados Unidos a la Oficina Nacional de Insectos Importantes para la Agricultura, con sede en Bangalore. En este instituto de investigación, que depende del Gobierno indio, se estudia la relación entre los insectos y su impacto en la agricultura.
Una vez transportadas allí, las primeras pruebas confirmaron que estas avispas eran las candidatas idóneas para luchar contra la cochinilla de la papaya.
La fuerza de estas avispas es su capacidad reproductora. Cada una de ellas puede poner hasta cincuenta huevos, o sea un huevo por cada cochinilla, lo que significa que una sola avispa puede matar a 50 cochinillas, y así sucesivamente a medida que nacen nuevas avispas. Las autoridades indias soltaron a estos insectos a finales de 2010, y los primeros resultados llegaron a principios del año siguiente.
“En tres o cuatro meses, el problema disminuyó del 42% al 32%”, según ha contado el equipo de Entomología de la Oficina Nacional de Insectos Importantes para la Agricultura a Fountain Ink. Para la siguiente cosecha, el número de cochinillas había bajado del umbral peligroso para los cultivos, y en 2013 la producción de papaya se había recuperado hasta el mismo nivel previo a la invasión del insecto mexicano.
El experimento ha servido a las autoridades indias para apoyar la lucha contra las plagas con herramientas menos agresivas para la tierra y los cultivos. A fin de cuentas, los científicos observaron que la cantidad de pesticidas para luchar contra la cochinilla era tan elevada, que aunque los frutos sobrevivieran, se habían convertido en tóxicos para la alimentación.