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miércoles, 26 de marzo de 2014

Descubren el sarcófago y la momia de un sacerdote faraónico de la V dinastía

Expertos checos han descubierto el sarcófago y la momia de un importante sacerdote de la V dinastía faraónica (2.500-2.350 a.C) al suroeste de El Cairo, informó hoy el ministro egipcio de Antigüedades, Mohamed Ibrahim.

<p>Un grupo de arqueólogos trabaja tras descubrir un sarcófago en el cementerio del rey Neferirkare, en la localidad egipcia de Abusir. El hallazgo
Un grupo de arqueólogos trabaja tras descubrir un sarcófago en el cementerio del rey Neferirkare, en la localidad egipcia de Abusir. El hallazgo ha sido descubierto gracias a una investigación liderada por el profesor Miroslav Barta, del Instituto de Egiptología checo. EFE/Ministry Of Antiquities
El ministro explicó en un comunicado que la osamenta del religioso, identificado como Nefer, fue hallada durante excavaciones en su tumba en la zona de Abu Sir.
El sacerdote, cuyo sarcófago estaba construido en piedra, desempeñó sus funciones durante el reinado del faraón Neferirkara.
Por su lado, el jefe del Departamento de Egiptología del Ministerio, Ali al Asfar, reveló que la tumba forma parte de un conjunto funerario compuesto de cuatro pasillos, de los que el oriental pertenece a Nefer.
Además, incluye cinco pozos y una puerta falsa de piedra caliza que lleva esculpida los títulos que ostentó Nefer, quien fue además supervisor de la escritura de los documentos reales y confidente del faraón.
La zona de Abu Sir, cercana a la explanada de las pirámides de Guiza, formó parte de la gran necrópolis de la antigua ciudad de Menfis.
Sus monumentos más importantes son los templos del sol y el complejo funerario de la pirámide del rey Sahura, además de otros lugares de culto y tumbas de personajes nobles de la época.EFE

Historiadores concluyen "sin lugar a dudas" que el Santo Grial está en San Isidoro de León

Cáliz de Doña Urraca en San Isidoro de León, considerado el Santo Grial
Foto: JOSÉ-MANUEL BENITO ÁLVAREZ
LEÓN, 26 Mar. (EUROPA PRESS) -

   Los historiadores Margarita Torres y José Miguel Ortega del Río han presentado este miércoles el libro 'Los reyes del Grial', que recoge una exhaustiva investigación científica desarrollada durante tres años que demuestra"sin lugar a dudas" que el Santo Grial, "la copa que la comunidad cristiana de Jerusalén en el siglo XI consideraba que era el cáliz de Cristo, se encuentra ubicada en la Basílica de San Isidoro de León".

   Así lo ha explicado la coautora de la obra e historiadora medievalista Margarita Torres que ha detallado que este hallazgo está confirmado mediante el descubrimiento de dos pergaminos originales egipcios fechados en el año 1054, que recogen que el cáliz fue enviado al rey de León Fernando el Grande, tras haber sido saqueado de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, donde había permanecido desde el siglo IV.

   Estos documentos prueban "sin ninguna duda" que el cáliz fue entregado en señal de agradecimiento después de que el monarca leonés enviara un gran cargamento de víveres a Egipto, en un "año de gran hambruna". La investigación demuestra, por lo tanto, que el que cáliz que era considerado el Santo Grial por la comunidad cristiana del siglo XI se encuentra en León.

   Antes de ese momento, hasta el año 400 después de Cristo, se desconoce qué pasó con la copa, ha agregado el otro autor de la obra José Miguel Ortega del Río, que ha explicado que "se carece documentación relativa a ese periodo", pero ha resaltado la importancia de este hallazgo porque "ninguno de los otros presuntos santos griales tienen una base tan sólida sobre la que apoyarse".

PERGAMINOS

   Otra de las evidencias que apoyan la tesis de estos dos historiadores es que, según recogen los pergaminos egipcios, durante el traslado de la reliquia a León una de las esquirlas del cáliz se saltó. Esa misma esquirla le falta al cáliz denominado hasta ahora cáliz de la Infanta Doña Urraca, hija de Fernando I el Grande, y que está ubicado desde el siglo XI en la basílica de San Isidoro.

   Además, la datación de la copa, que no se ha podido realizar mediante la prueba del Carbono 14 por no tratarse de un resto orgánico, sino que se ha realizado mediante un completo estudio de acuerdo a su tipología, ha demostrado que pertenece al periodo comprendido entre el siglo I antes de Cristo y el I después de Cristo, lo que coincidiría también con el momento en el que se cree que Jesús utilizó el Santo Grial.

   Se trata, ha agregado Ortega del Río de "un enorme puzle al que ahora se encajan las piezas que estaban deslavazadas", que ha reconocido que "aún quedan muchas preguntas sin resolver" en torno a este asunto, aunque ha confiado en que tras este primer hallazgo "salgan a la luz nuevas investigaciones que lo completen".

   El edificio de Botines de León ha acogido la presentación de 'Los reyes del Grial', que ha sido patrocinado por la Fundación Monteleón. Su presidente,José Manuel Fernández del Corral, ha manifestado que la obra "merece el apoyo de la institución por sus aportaciones históricas e implicación con León".

Una nueva vía para clonar con fines médicos


Un embrión clónico de ratón obtenido con la nueva técnica.

La rapidez y el gran número de grupos científicos investigando en células madre hace que los avances en este campo sean como una carrera de obstáculos: se van derribando barreras a medida que se busca la meta que sería, básicamente, su uso para curar enfermedades humanas. Uno de los múltiples obstáculos para lograr tal fin es el que ha tumbado un equipo de investigadores dirigido por Shoukhrat Mitalipov, el mismo que consiguió por primera vez en el mundo clonar un embrión humano hace menos de un año. Su último logro seguramente cambie los libros de Biología. Lo que no está tan claro es que tenga la misma repercusión mediática.
El citoplasma (la zona que rodea al núcleo) de un óvulo no fecundado tiene capacidad para reprogramarse. Pero se creía que esa capacidad se perdía al ser fecundado. Un hecho que demostraba estas dos afirmaciones era la clonación de mamíferos que sólo se había logrado utilizando óvulos sin fecundar a los que se extraía su núcleo y se les insertaba el de otra célula adulta que se quería clonar. Así, se han clonado diferentes animales como ratones, ovejas,monos... e incluso embriones humanos. El hecho de que nadie hubiera podido hacer clonación con óvulos fertilizados hacía pensar que era un objetivo inviable. Y ha sido así hasta que Mitalipov, de la Universidad de Oregón (EEUU), ha dado un paso que otros no supieron dar.
El estudio donde muestra que esto es posible, publicado en la revistaNature, propiciará que cientos de científicos intenten replicar lo que ellos han logrado: la clonación a partir de un embrión murino de dos células. Y así luchar después por conseguir un objetivo común: una clonación terapéutica en humanos para reprogramar células adultas de pacientes. Con esta técnica, se podrían desarrollar tejidos sanos que sustituyan a los dañados por una enfermedad y sin riesgo de rechazo porque serían idénticos (clonados) a los del paciente. "Nuestro propósito ahora era probar que además de los ovocitos [óvulos] el citoplasma de la célula embrionaria también retiene su capacidad para reprogramarse", afirma a EL MUNDO Mitalipov.
Experimento
Simplificando mucho, lo que este investigador y su equipo hicieron fue tomar fibroblastos, células de la piel, de fetos de ratón. A estas células les extrajeron sus núcleos que fueron introducidos dentro de las células de un embrión de otro ratón al que previamente les habían quitado su núcleo. Un detalle crucial es que tanto el núcleo como el citoplasma de las células donantes y receptoras estaban en la misma fase del ciclo celular. Tras someterlos a varios procesos químicos, la reprogramación se realizó con éxito. Posteriormente, las células reprogramadas fueron cultivadas hasta formar embriones. Algunos se destruyeron para extraer sus células madre y otros fueron inyectados en el útero de ratones hembra que, tras gestarlos, fueron analizados para comprobar que eran quimeras idénticas del animal donante de los fibroblastos.
Más allá de ese cambio conceptual en el aspecto de la Biología, las ventajas en aspectos éticos están por ver. Mitalipov asegura que su técnica está fuera de cualquier debate de este tipo: "Basándonos en nuestros resultados, creemos que es suficiente un solo blastómero [célula embrionaria], obtenido a partir de una biopsia de un embrión [sobrante de las clínicas de reproducción], para su reprogramación y la derivación de células madre embrionarias. Por lo que esta aproximación no implica la destrucción de embriones".
Afirmación con la que no están de acuerdo los expertos consultados por EL MUNDO. Es cierto que la biopsia de embriones para extraer una célula es un proceso que se viene realizando hace unos años en las técnicas de diagnóstico preimplantacional. Se utiliza en algunas parejas con antecedentes de enfermedad para detectar anomalías genéticas en sus futuros hijos y elegir aquellos sin ese problema. El embrión biopsiado se desarrolla de forma normal una vez que se implanta en el útero.
Sin embargo, el hecho de que esta técnica no genere daño en el embrión no significa que la transferencia nuclear no conlleve la destrucción de ellos. "La técnica empleada por Mitalipov en este estudio utiliza embriones en lugar de óvulos sin fecundar, por lo que su uso en humanos puede provocar reticencias éticas en quienes consideran que la nueva vida aparece con la fecundación. Pero, si se emplean embriones sobrantes de técnicas de reproducción in vitro, que se desecharían en cualquier caso, esto no debería plantear ningún problema ético. En cuanto al posible empleo de una biopsia, me parece más un tecnicismo que una justificación ética válida desde el punto de vista práctico. Creo que en este caso, el valor del nuevo estudio está en la demostración de que se puede hacer, lo cual significa que estábamos entendiendo el proceso de reprogramación de forma equivocada", afirma Ángel Raya, director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona. 
El mismo argumento lo apunta otro investigador, Ignacio Sancho Martínez, del Laboratorio de Expresión Genética del Instituto Salk, en San Diego (California), quien afirma que el trabajo, además de ser interesante, es un paso más de la última publicación de Mitalipov en Cell donde demostró que la transferencia nuclear era posible en humanos. "Quizás uno de los mayores beneficios, y a la vez perjuicio porque entra un poco más en el dilema ético-moral, es que con la técnica presentada ahora, no habría tantas limitaciones de cigotos fertilizados [embriones] como puede ser en el caso de ovocitos[óvulos], en los que además, existe una gran variabilidad en cuanto a eficiencia, requiriéndose células de alta calidad. Por otro lado, se requerirían embriones para generar líneas celulares".
María Abad, investigadora que trabaja en reprogramación celular en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológica (CNIO), también duda de que los embriones sobrantes sean una fuente fácil de obtención de células. "Quizás sea más fácil que con los óvulos, pero desde luego no es una fuente ilimitada. Y aunque es cierto que puede no haber problemas éticos en la primera parte, es decir, al no destruir embriones, éstos siguen estando en el resto del proceso, porque se destruirán los obtenidos para extraer células madre". Aunque reconoce que el de ahora es un paso que amplía las posibilidades de la clonación terapéutica, el problema ético, "para quien lo tenga, seguiría estando ahí".

La tranquila «gamba» gigante del Cámbrico

Una gran criatura marina que vivió hace cientos de millones de años se alimentaba de forma muy similar a las ballenas

La tranquila «gamba» gigante del Cámbrico
BOB NICHOLLS/BRISTOL UNIVERSITY
Hace 520 millones de años, se produjo la llamada Explosión Cámbrica, un fecundo período en la historia de la Tierra durante el cual surgieron repentinamente todos los géneros de seres vivos que conocemos en la actualidad. Una de estas criaturas era elTamisiocaris borealis, una especie de extraña «gamba» giganteque pertenece a un grupo de animales llamados anomalocarídidos, un tipo de artrópodo temprano que incluye a algunos de los seres más grandes y emblemáticos del Cámbrico.
Hasta ahora, la fama del Tamisiocaris era la de un eficaz depredador. Tenía grandes apéndices delante de la boca de unos 12 cm de longitud (el tamaño total del cuerpo no se conoce) que los investigadores creían que utilizaba para capturar las presas más grandes, como los trilobites(una clase extinta de artrópodos muy conocida por los paleontólogos). Sin embargo, fósiles recién descubiertos en el norte de Groenlandia muestran que, en realidad, se trataba de filtradores de material en suspensión, igual que las ballenas modernas, técnica que lograban transformando sus apéndices prensiles en un aparato de filtración que podía ser arrastrado como una red a través del agua, atrapando pequeños crustáceos y otros organismos tan pequeños como la mitad de un milímetro.
Una amplia gama de depredadores marinos, como tiburones, rayas y ballenas han mostrado esa misma tendencia, pasando a alimentarse de materia en suspensión, y esa estrategia ha evolucionado independientemente varias veces en la historia de nuestro planeta. Los nuevos fósiles demuestran que esta transición se produjo por primera vez muy temprano en la historia evolutiva de los organismos multicelulares. «Estos artrópodos primitivos eran, ecológicamente hablando, los tiburones y las ballenas de la era cámbrica. Y tanto en tiburones como en ballenas, algunas especies han evolucionado en comedores de materia en suspensión y se han convertido en animales gigantes, de movimientos lentos, que a su vez se alimentan de los animales más pequeños en el agua», explica Jakob Vinther, de la Universidad de Bristol.

Un entorno rico

Los investigadores crearon una animación por ordenador en 3D para conocer cómo el Tamisiocaris podría haberse alimentado. «El Tamisiocaris habría utilizado una red de barrido, recolectando partículas de placton en la malla fina que se forma cuando arquea su apéndice contra su boca», explica Martin Stein, de la Universidad de Copenhague, que creó la animación por ordenador.
El descubrimiento también ayuda a comprender lo productivo que fue el período Cámbrico, con especies muy diferentes de anomalocarídidos que evolucionaban en ese momento, y permite conocer mejor los ecosistemas que existían hace cientos de millones de años. «El hecho de que grandes comedores de materia en suspensión que nadan libremente vagaran por los océanos nos dice mucho sobre el ecosistema», dice Vinther. «Alimentarse de las partículas más pequeñas mediante el filtrado del agua mientras se nada activamente en torno requiere una gran cantidad de energía y, por lo tanto, una gran cantidad de alimentos».