viernes, 19 de diciembre de 2014

¿Cómo aprenden los niños a ser generosos?

Además, del ejemplo, reflexionar sobre el comportamiento de los demás es decisivo para enseñar a los más pequeños a compartir.



FOTOLIA

Los niños pequeños tienden a ser egoístas. Hay que guiarles para que aprendan generosidad


Estamos en unas fechas en las que se favorece la generosidad. Sin embargo, lograr que los más pequeños interioricen el concepto de generosidad no es fácil. No hay más que ver los enfados y peleas que se generan cuando hay que compartir un juguete. Afortunadamente, con el tiempo la capacidad de compartir de los niños va creciendo. Un equipo de investigadores de la Universidad de Chicago ha querido comprobar qué ocurre en sus diminutos cerebros mientras evolucionan hacia esos comportamientos prosociales.
A pesar de que no den muestras de ello, desde muy pequeños incluso cuando son bebés, los niños son sensibles a la desigualdad y tienen la capacidad de actuar en beneficio de los demás.
Al parecer, crecer en generosidad es tanto una cuestión de imitar lo que ven como de pensar sobre ello. Cuando los niños son testigos de comportamientos "buenos" o "malos", sus cerebros muestran una respuesta emocional inmediata. Pero, según un estudio que aparece en la revista “Current Biology” se necesita más que ese tipo de valoración moral automática para que los niños actúen con generosidad y compartan sus juguetes o sus pegatinas.
Mediante el registro de la actividad cerebral de los niños, los investigadores encontraron que la conducta generosa requiere además un proceso de pensamiento reflexivo. Sus hallazgos sobre el desarrollo neurológico son los primeros que vinculan las evaluaciones morales de los más pequeños con la conducta real (si prestan sus pegatinas o no). Y también en identificar los marcadores característicos de cada uno de estos procesos, según los investigadores
Para averiguar de dónde surge la generosidad, los investigadores monitorearon la actividad eléctrica del cerebro de niños, de 3 a 5 años, mientras veían escenas de ayuda o daño. También “miraron” en sus cerebros mientras decidían cómo de generosos iban a ser con un niño totalmente desconocido.
Los niños recibieron diez pegatinas como recompensa. Pero les dijeron que al próximo niño que iba a entrar por la puerta no le darían ningún adhesivo. Para ponérselo un poco más difícil, les preguntaron si querían dar a alguna de sus pegatinas al niño que no tenía ninguna. Si se sentían generosos, los niños podían colocar las pegatinas que estaban dispuestos a darle en una caja mientras nadie miraba.
En promedio, los niños compartieron como mucho dos de sus diez pegatinas, porque en esa etapa la generosidad aún no está muy desarrollada. Y sus ondas neuronales indicaban que los juicios morales que hicieron dependía de una combinación un procesamiento automático previo mientras observaban los vídeos donde aparecían escenas de ayuda o en las que se perjudicaba a alguien (ejemplo), más una reevaluación posterior y más reflexiva de esas escenas. Pero fue ese segundo paso de evaluación reflexiva, y en concreto las ondas que generaban el que permitía a los investigadores predecir, a partir de las ondas generadas, si un niño iba o no a compartir sus pegatinas.
Los resultados son esperanzadores para los padres que tratan de razonar con los más pequeños para hacerles más generosos. A la larga esta paciente labor tiene sus frutos, como acaba de demostrar la neurociencia. El estudio puede ofrecer información útil para los padres que en estas fechas buscan que sus hijos se unan al espiritu de compartir, sugieren los investigadores. Estos resultados proporcionan una evidencia de que animar a los niños a reflexionar sobre el comportamiento moral de otros fomenta la generosidad.
"La evaluación moral en niños en edad preescolar, igual que ocurre en los adultos, es un proceso complejo construido a partir tanto de la emoción como del pensamiento", explica Jean Decety, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Chicago. "Sin embargo, hemos visto que sólo las diferencias en los marcadores neuronales [ondas cerebrales] de este último proceso [reflexión] predicen generosidad real de los niños".
Fuente: ABC Ciencia

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